La exhumación de unos 400 cadáveres encontrados en la localidad de Putis (Ayacucho) -en las que se encuentran osamentas de hombres, mujeres y niños- ejecutados por militares en 1984 nos demuestra que el horror, un cuarto de siglo después, aún nos sobrecoge y nos agarra por el lado que más nos duele: el alma.
Sí, nos duele en el alma que los militares a quienes entregamos las armas para que nos defiendan frente al enemigo sean nuestros verdugos. Nos duele en el alma constatar que todavía existan seres humanos degradados a la condición infrahumana de bestias. Nos duele comprobar que estas bestias humanas sean parte de la institucionalidad del Estado. Y nos duele aún, mucho más, que la alta jerarquía de este poder institucional justifique estas matanzas diciéndonos que hay que entender el contexto de aquel entonces.
Lo que sucedió en Putis no tiene perdón de Dios. Los asesinos de Putis no solo descargaron las cacerinas de sus fusiles automáticos en los indefensos cuerpos de los comuneros sino que, además, como preámbulo de su tarea macabra se habían entregado a la repulsiva acción de violar a las campesinas más jóvenes del grupo. Todo ello sucedía mientras los demás comuneros –hombres, mujeres y niños- cavaban sus fosas en las que luego serían enterrados creyendo ingenuamente que eran para piscigranjas o para sus casas como así se lo habían hecho creer el teniente “lalo”, el capitán “cuervo”, el comandante “oscar” y algún oficial con el seudónimo de “bareta” o “barreta”.
Y así como en el caso chileno de la siniestra “Caravana de la Muerte”, en que los verdugos empezaron a cortar los dedos de las manos para extraer las joyas de los ejecutados, en Putis, los chacales con uniforme se dieron a la tarea de reunir todo el dinero, el ganado y los demás bienes de los masacrados para venderlos y formar su “pequeña” fortuna con la que (sumado con lo que les pagábamos –y aun les seguimos pagando- todos los peruanos) se dieron por satisfechos y con mas bríos para seguir su “patriótica” tarea de causar muertes. Y sumar muertos.
¿Qué nos queda por hacer ahora? ¿Nos quedaremos impasibles viendo como el poder público y judicial dejarán sin investigar y sin castigar a estas hienas? ¿Seguiremos siendo testigos del silencio mediático de toda una prensa servil que se escandalizó por el crimen contra un perro “snauzzer” (que inclusive mereció grandes titulares en primera página), pero que frente a las fosas comunes de Putis hace un silencio sepulcral, Dios sabe porqué?
Y, a todo esto: ¿Dónde estan las expresiones de condolencias para los deudos de Putis de nuestro mandatario? ¿Dónde están las exigencias del Ejecutivo para que se castigue estos crímenes de lesa humanidad? Se siente por doquier un clamoroso silencio y ni siquiera la iglesia ha levantado su voz para exigir justicia para los comuneros quechuahablantes y castigo para los criminales. ¿Porqué será?
martes, 24 de junio de 2008
LA BESTIALIDAD DE LOS MILITARES EN PUTIS
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lunes, 23 de junio de 2008
LOS DESGRACIADOS
No puedo comprender el porqué de un odio tan visceral contra Vallejo. ¿Será acaso porque ese contacto con su poesía nos pone de bruces con una verdad insoslayable que no puede ser otra que nuestra miseria humana? ¿Será quizá porque Vallejo encarna el dolor de los desheredados? ¿Será tal vez por que Vallejo abrazó el ideario de la justicia social y la solidaridad con los explotados y los oprimidos?. Difícil saberlo. Solo sé que el que escribe dicha invectiva, en su fuero interno, si lo sabe. Y creo que lo odia porque Vallejo no ocultó sus simpatías con el socialismo y el comunismo. Y porque fue consciente y consecuente con esta ideología, hasta el final de sus días, como lo fue otro de los grandes que tenemos: JC Mariátegui.
César Vallejo ha sido, es y será por siempre el más grande poeta peruano. No importa cuantos Aldos M. vengan a querer ensuciar su memoria, Vallejo –como diría Rodolfo Hinostroza- no solo es un poeta, no solo es un hombre: ¡César Vallejo es un mito!.
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jueves, 29 de mayo de 2008
GRINGOS “HUMANITARIOS” EN AYACUCHO
Nuestras autoridades políticas dicen que el millar y pico de soldados de la US Southern Command (USSOUTHCOM) vienen a efectuar labores “humanitarias”. Nos dicen que traen 500 mil dólares para construir un par de postas médicas, algunas aulas escolares y unos cuantos pozos de agua (si para el terremoto del 2007 donaron 100 mil dólares, imagínense ustedes, cuanto podemos hacer con… ¡medio millón de dólares!) Y nos dicen, además, que estas tropas forman parte de los programas humanitarios “Nuevos Horizontes”, “Promesa Continua” y “Amistad y Cooperación por las Américas” y que lo único que buscan es el progreso y desarrollo de nuestros pueblos. ¿Podemos ser tan ingenuos para creer tanta bellaquería?
Lo que no se dice y que habría que leer entre líneas es que la presencia de los yanquis no solo está orientada a distraer a la población ayacuchana con supuestas acciones humanitarias sino que, fundamentalmente, está orientada a dar el adiestramiento militar in situ al Comando Especial del VRAE (valles de los ríos Apurimac y Ene) recientemente asentado en esta región, con mas de 5 mil efectivos militares de todas las armas, para aniquilar a los 200 senderistas que aún se mueven en estas zonas boscosas. Además, es obvio que realizaran acciones de inteligencia militar y, por supuesto, dar apoyo logístico al Comando Especial. Y por eso el despliegue de armas de largo alcance, los equipos tecnológicos de última generación y la presencia de los helicópteros de combate “Chinook”.
Pero también podría estar el interés de instalar otra base militar para reforzar a las que ya existen en la amazonía peruana: Iquitos, Santa Lucía y Nanay. Algunos expertos consideran que podría ser la de Manta (Ecuador) y todo parece indicar que hay muchas razones para tomar en serio estas indicaciones. Después de todo, fue la misma Henrrieta Fore (Vice Secretaria de Estado) quien inspeccionó – a comienzos de este año- las instalaciones de la Base Contra subversiva de Quicapata (al sur de Huamanga) corroborando que de ésta a Bolivia solo hay 40 minutos en helicóptero.
“Todo conocimiento sería superfluo si confundiéramos la apariencia con la esencia”. Esto lo dijo Marx hace más de siglo y medio, pero nuestra clase política no lo entiende así. Ellos sí creen en la “generosidad” de las tropas yanquis que han sembrado su “humanitarismo” en Afganistán e Irak y, por lo mismo, quieren que les agradezcamos su presencia en territorio patrio. ¿Será que son tan ingenuos o se hacen los lesos? ¿Usted que opina?
POST DATA: Acabo de leer en un comunicado del Sindicato Unico de la Policía Peruana (SUPP) que estos marines yanquis ya empezaron su labor "humanitaria" interviniendo a todos los ciudadanos ayacuchanos, haciéndolos bajar de todos los vehiculos que transitan en dirección del VRAE hacia Huamanga. Su "humanitarismo" ya empezó vulnerando los derechos de libre tránsito. ¿Alguien esperaba menos?
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lunes, 12 de mayo de 2008
LA "COMPUTADORA" DE PANDORA
Si Pandora hubiera llegado en estos tiempos lo más seguro es que en lugar de una caja hubiera traído una computadora. Y la habría abierto no solo para liberar las desgracias de la humanidad sino también para liberar los “once mil documentos” que sabe Dios (¿o Zeus?) donde habrán sido fraguados para implicar a Chávez, Correa y a toda la izquierda no electorera de América Latina y del mundo entero.
La Pandora de hoy ya no tiene ese cuerpo de bella mujer que encandiló a Epimeteo (hermano de Prometeo). Ahora tiene la figura impersonal de un medio de “información” que puede ser el The New York Times, Wall Street Journal, El País, o El Tiempo. Y su caja ya no es esa ánfora tan delicada como un mecanismo de reloj suizo, sino una caja a prueba de bombas. Tan indestructible ha sido esta caja (léase computador, ordenador, laptop o como quiera llamarse) que mientras el campamento donde se encontraba Raúl Reyes quedó totalmente destruído y los guerrilleros despedazados, la caja quedó indemne. Pero no solo eso, ahora se dice que también existen dos computadores más con sus respectivos almacenadores de memoria flash (dos pendrives), tres discos duros externos, no se cuántos cidís y dividís, etc. Y todos ellos sanitos, sin ningún rasguño, que a su vez van ampliando la lista de archivos (ahora se habla ya no de 11,000 documentos sino de 16,000). Esta "computadora" es una verdadera “caja de Pandora”.
Hay quienes piensan que la computadora que apareció intacta en el campamento arrasado por las bombas “inteligentes” fue un regalito enviado por Bush a Uribe como premio a su docilidad. En esta “caja de Pandora” –según Juan A. Romero Sánchez- la CIA ha metido “… a toda la oposición y cualquiera puede encontrar en su interior toda clase de acusaciones contra China, Ecuador, Rusia, Cuba, Irán, Venezuela, Libia, Corea del Norte, Nicaragua, Siria, Bolivia, Al Qaeda, Paraguay, Serbia ó Brasil, pasando por todas las organizaciones sociales que en el mundo se declaran contrarias al capitalismo imperialista. Asimismo, a toda la oposición colombiana, empezando por las FARC y siguiendo por el ELN, Piedad Córdoba, los liberales, los sindicalistas, los defensores de los derechos humanos, los líderes indígenas, el Polo Democrático Alternativo, los paramilitares arrepentidos, los conservadores dudosos, los diplomáticos de carrera y todos los periodistas é intelectuales que no se dejan pisotear por el gobierno y sus esbirros".
Pandora (o sea, los medios de desinformación masiva) tiene mucho trabajo por delante. Divulgar los 11,000 (¿o 16,000?) documentos minuciosamente elaborados por la CIA debe ser una labor agotadora, no tanto por la simple publicación de los mismos, sino porque deben hacer todo lo posible porque parezca creíble. Y como bien señala, César Hildebrandt, somos muchos a los cuales nos disgusta que esta "computadora" solo diga lo que Washington y el Pentágono quiere oir.
Artículos recomendados:
"Un papel en blanco tiene más valor legal que las supuestas computadoras de Raúl Reyes"
"Computadora o Caja de Pandora"
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viernes, 9 de mayo de 2008
(DE)VUELTA A CASA

La mayor alegría que podían darle a doña Priscila Hinostroza, madre de la estudiante Melissa Patiño, era justamente eso: la liberación de su hija. Y ésta le ha llegado en vísperas del “Día de la Madre”. Bien por ella, pero aun faltan los “regalos” de las otras madres.
Detenida hace más de dos meses en la frontera norte (Aguas Verdes) luego de haber asistido al II Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB) celebrado en Quito, Melissa Patiño, universitaria sammarquina, fue encarcelada bajo un régimen “especial” (es decir, como si fuera una delincuente de alta peligrosidad) por la sospecha de ser miembro del MRTA. Sus acusadores esgrimen como pruebas “contundentes” una que otra foto donde supuestamente está acompañando una marcha (en Quito) contra el neoliberalismo y una que otra declaración de ser anti-imperialista. Si la chica hubiera tenido la audacia de la militante de las “Juventudes Comunistas” de Chile, Valeska López, de ir al campamento donde se encontraba el segundo jefe de las FARC para entrevistarlo, de seguro que ya estaría condenada de por vida a vivir tras las rejas. Y ¿por qué?. Porque en este país la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la libertad de asociación, el principio de presunción de inocencia, etc. etc., simplemente no existen. O mejor dicho, existen en la entelequia jurídica como fantasmas pero nadie tiene la voluntad de hacerlos que cobren “vida” para resarcir tantas injusticias, tantas infamias, tantas maldades, tantas bellaquerías.
La patinada que ha dado el gobierno en el arbitrario encarcelamiento de estas siete personas (ahora solo falta la liberación de los seis restantes) por el “delito” de haber asistido a un evento internacional no puede sino ser tildado de prepotente, abusivo y perverso. No hay ninguna prueba de peso que los vincule con organizaciones sediciosas y mucho menos de que hayan estado conspirando para boicotear las cumbres internacionales que se avecinan. Sin embargo, esto no le interesa al régimen aprofujimorista. El objetivo es acallar las voces discordantes de su política hambreadora y neoliberalista, no importa si con ello se pisotean los derechos civiles de las personas. Que diferencia con respecto a lo que sucede con nuestro vecino del sur. En Chile, Valeska López y el militante del Partido Comunista, Manuel Olate, tan pronto retornaron a su país dieron una conferencia de prensa agradeciendo a las autoridades políticas por las muestras de interés por sus vidas, pues, en algún momento, se temió lo peor tras los bombardeos al campamento donde se encontraba "Raul Reyes". Ningun medio informativo se refirió a ellos como “terroristas” pese a que sus fotos aparecían con la tenida de combate propio de esta organización. Tampoco fueron citados por las fuerzas del órden, o de alguna autoridad del Ministerio Público a declarar porqué habían ido al campamento de las FARC. No hubo el revuelo que quisieron darle las autoridades colombianas que insinuaron los nexos de la guerrilla con el PC chileno. Bueno, es que Chile tiene una clase política ilustrada, pero en cambio aquí…(¡Oh, Dios mío!, líbrame de estos malos pensamientos).
La libertad de la poeta Melissa Patiño ha sido conseguida por la presión de muchas voces. Esperemos que no se acallen hasta ver liberados a los demás encarcelados cuya aspiración es ver una América Latina solidaria, anti-imperialista y comprometida con los verdaderos intereses y necesidades de los pueblos. Ojalá así sea. Y si es pronto, mucho mejor.
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martes, 22 de abril de 2008
UN VERANO EN SANTIAGO DE CHILE
Yo no sé si a usted le sucede lo mismo pero a mí los primeros meses del año me invitan a alejarme de mi rutina sedentaria para sumergirme en actividades físicas extenuantes que, incluso, me hacen olvidar de lo que es una de mis pasiones favoritas: el Internet.
Este verano del 2008 me ha servido como un espacio temporal para reencontrarme con algunas personas muy entrañables para mí. Y al acercarme a su mundo no puedo evitar mimetizarme en su cotidianeidad. Sus quehaceres sencillos (ligada, fundamentalmente, a la actividad terciaria de la mensajería privada), pero con mucha sociabilidad, no deja de sorprenderme. Más aun, cuando toda esta gente, ha tenido un proceso de corsi e ricorsi en la adaptación y asimilación de nuevas costumbres y valores culturales porque todos ellos, mis familiares y amigos, están asentados en un país que no es el suyo pero que, sin embargo, los ha tratado mejor que el propio: Chile.
Creo haber referido, en alguna oportunidad, que he vivido muchos años en este largo y angosto país situado al sur de mi patria y que siempre me ha sorprendido sus normas y comportamientos, así como las demás formas de expresión cultural de sus habitantes. Desde que estudiaba en mi querida Alma Mater – la Universidad Nacional de Trujillo- soñaba con hacer mi post grado en la celebre FLACSO y, aunque no pudo concretarse el sueño, algunos años después, logré no solo conocer sino radicar por muchos años en esta hermosa ciudad de Santiago de Chile.
Llegué por primera vez a este país cuando se discutía en la Cámara de los Lores (Inglaterra) si procedía o no la inmunidad que invocaban los abogados del ex dictador Augusto Pinochet (arrestado en Londres) y puedo dar fe de que esta ciudad capitalina -y seguramente en todo el país- se paralizó, casi por completo, para saber cual era la conclusión a la que llegaban los magistrados ingleses. Los resultados son por todos conocidos y no puedo olvidar como aquella tarde de primavera del siglo pasado (25/11/98), miles de ciudadanos libres salieron a las calles a festejar, pero también, otros tantos que no podian ocultar su tristeza, la amargura y el dolor que los embargaba. Jamás imaginé que el Chile que dejaba Pinochet se polarizara de tal forma y mucho menos de que su estrella se empezara a apagar estando todavía con vida. Recuérdese que tras su arribo a Chile no solo fue desaforado (perdiendo su inmunidad parlamentaria) sino que empezó la retahíla de querellas criminales en su contra (superando la centena) y el posterior enjuiciamiento por el célebre juez Juan Guzmán por el primer caso emblematico: “Caravana de la Muerte”. No fue sentenciado porque la muerte se interpuso en este proceso, pero la historia le tiene reservado un lugar privilegiado no, precisamente, para recordarlo con gratitud sino todo lo contrario. Como reza el dicho popular: “En la política, como en la vida, el que la hace la paga”.
Mi adaptación en el gran Santiago no fue fácil. Tampoco muy difícil. Sin embargo, en el camino me sucedieron hechos anecdóticos que más de una vez me hicieron sonrojar y otras reír, a mandíbula batiente, por lo jocoso de las situaciones. De estas ultimas recuerdo que al estar conversando con un compañero de labores, al ver que no le seguía en la conversación, me pregunta:
-¿Cachai?
-Si, pero debe ser caro, ¿no? -le respondí
Al ver la incertidumbre reflejado en su rostro le pregunto el porqué de ese cambio repentino en su gesto y me responde que solo me preguntaba si lo estaba entendiendo. En ese momento me largué una sonora carcajada porque yo lo estaba interpretando en otro sentido. En el Perú esta expresión (“cachar”) se usa vulgarmente para referirse al coito extraconyugal, en cambio, en Chile, “¿cachai?” es una expresión muy generalizada que significa “¿me entiendes?”, “¿entendiste?”. Y así por el estilo.
Lo que más me gusta de Santiago son sus ordenadas y muy limpias comunas del sector oriente. Es un deleite para la vista pasear por la rivera del río Mapocho y contemplar los inmensos parques y plazuelas de Providencia y Vitacura. Por supuesto que contemplar el Mapocho también es una fiesta y, pese a que no tiene la belleza del Siena en Paris, tiene mucho mayor encanto que el Rímac limeño. Llama poderosamente la atención el equilibrio que hay entre una modernización urbanística (que sigue, fundamentalmente, los patrones europeos) con el entorno natural de la urbe. Esto es posible por la marcada obsesión de sus autoridades por preservar el patrimonio ecológico sin perder de vista la belleza paisajística de la gran ciudad. Además, la capital, continuamente sufre de los efectos nocivos de la contaminación ambiental (mala calidad del aire) que cuando está en sus niveles críticos se acentúa la restricción vehicular con el consiguiente perjuicio de sus ciudadanos que cuentan con vehículo propio. Y por ello, el afán casi religioso, de cuidar los árboles que son los pulmones de la capital. Quizá por lo mismo -a diferencia de los limeños- los santiaguinos aman las lluvias porque limpian el ambiente de tal suerte que cuando está todo despejado, logra verse los grandes cerros de la Cordillera de los Andes. Y esto sí, es todo un espectáculo.
También es placentero caminar por su centro histórico. Darse su vuelta por la Plaza de Armas y sentarse en alguna de sus bancas es relajante por la frescura que emanan sus añosos árboles. Cuando se está con algo de tiempo, algún domingo por la tarde, se puede ver y oír las animadas retretas vespertinas de fin de semana y, entonces, el cuerpo pide seguir anclado a la banca no importa si la noche nos cae encima. Pero, también, no menos encantador, es darse su vuelta por Paseo Ahumada a eso de entre las cuatro de la tarde y nueve de la noche. Su recorrido de menos de un kilómetro está marcado por un sinnúmero de espectáculos callejeros. Puede oírse música folk-latinoamericana con charangos, zampoñas y quenas, hasta música orquestada de violines, trombones y saxofones. Si se está con suerte es posible encontrar hasta espectáculos de baile moderno (salsa, reggaetón), clásico y/o folclórico. O, tal vez, escuchar las canciones de Silvio Rodríguez si por acaso se le encuentra al chico que con guitarra y jeans desteñido, apoltronado en el suelo, invita a su audiencia a sentarse junto a él y canta las canciones que le piden. Yo particularmente me emocioné mucho con “Sueño de una Noche de Verano” que dice: "Yo soñé con aviones/que nublaban el día/justo cuando la gente/mas cantaba y reía//Yo soñé con aviones/que entre si se mataban/destruyendo la gracia/de la clara mañana//Si pienso que fui hecho/para soñar el sol/y para decir cosas/que despierten amor/¿Cómo es posible entonces/que duerma entre salto/de angustia y horror?//En mi sabana blanca /vertieron hollín/han echado basura/ en mi bello jardín / si capturo al culpable/ de tanto desastre / lo va a lamentar//Yo soñé un agujero/bajo tierra y con gente/que se estremecía/al compás de la muerte//Yo soñé un agujero/bajo tierra y oscuro/y espero que mi sueño/no sea mi futuro//Anoche tuve un sueño/y anoche era verano/Oh verano terrible/para un sueño malvado//Anoche tuve un sueño/que nadie se merecía/¿Cuánto de pesadilla/quedara todavía?".
Otro de los atractivos que tiene la ciudad es su tren eléctrico (Metro de Santiago)que une las principales comunas con el centro en un dos por tres y, no obstante, estar atravesando por el momento con serios problemas de congestionamiento en las horas punta (por el novísimo sistema de transporte urbano implantado no hace mucho –Transantiago-), nadie duda de la eficacia y la importancia de este medio de movilidad pública. Lo he recorrido en casi todas sus redes subterráneas y es una delicia ir viendo los atractivos paraderos, mucho de los cuales cuenta con conectividad wi fi de acceso público para todo aquel que tenga su notebook (computador portátil) y quiera navegar gratuitamente por la red de redes.
Pero, el mayor atractivo –de acuerdo a mi parecer- es la famosa gran avenida de la Alameda que constituye la “columna vertebral” de la gran urbe. Esta inmensa arteria citadina, prácticamente, es la puerta de entrada a la capital para los viajeros que arriban al aeropuerto de Pudahuel. En ella se concentran algunos de los más reconocidos monumentos arquitectónicos de Chile como el Palacio de la Moneda (sede del Ejecutivo), la Plaza de la Ciudadanía, el Museo de Arte Pre Colombino o el aristocrático Palacio Cousiño. Recorriéndola, por cualesquier tramo del bandejon, y bajo la sombra de los centenarios álamos que le dan precisamente el nombre, es imposible no evocar las dramáticas palabras de despedida del Presidente Salvador Allende, antes de ser muerto en el fatídico golpe de estado de Setiembre del 73: “Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y en su destino. Otros hombres superaran este momento gris y amargo donde pretende imponerse la traición. Sigan ustedes sabiendo que, mucho mas temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.
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jueves, 24 de enero de 2008
MONICA FERIA O LA POLITICA DEL “AJUSTE DE CUENTAS”
Pero, ¿quién es la nueva extraditable y por qué concita tanta atención de los medios (des)informativos y de algunos sectores del establishment político? Su nombre completo es Jesús Mónica Feria Tinta y salió a la palestra internacional cuando en Junio de 1997 se acercó a la Comisión Interamericana de de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar al Estado Peruano por la masacre, ejecución extrajudicial y torturas contra prisioneros por subversión en el Penal “Miguel Castro Castro” (Canto Grande - Lima), efectuado entre el 6 al 9 de Mayo de 1992. En esos aciagos días de la matanza de prisioneros, ella estuvo encarcelada en el Pabellón de Mujeres 1A de dicho centro penal supuestamente por ser colaboradora de Sendero ( fue detenida el 13 de abril del 92 por el delito de “haber ayudado a periodistas británicos a que entrevisten a una columna guerrillera de Sendero Luminoso en Ayacucho”). Fue, por consiguiente, una de las sobrevivientes de la “barbarie de Castro Castro” y testigo presencial de primera fila de este ataque militar contra indefensos prisioneros.
Tras haber estado un año y tres meses encarcelada (en las peores condiciones que puede sufrir un inculpado por “terrorismo”) un tribunal sin rostro la absolvió por insuficiencia de pruebas. En 1993 viajó a Inglaterra donde se dedicó a los estudios de post grado, particularmente, del Derecho Internacional y a la defensa legal de las víctimas de la represión del régimen fujimontesinista. Por esta labor de defensa de los Derechos Humanos la fundación Gruber de Georgetown University Law Center en Washington, le otorgó, el 10 de octubre del 2007, el “Premio Justicia”.
El reconocimiento internacional a su indoblegable lucha contra las violaciones de los DDHH (no solo del Perú sino también de otras partes del mundo), desató las iras de toda la clase política que sostiene al actual régimen apro-fujimontesinista -y por supuesto de todo su soporte mediático- que no le perdona que la Corte Interamericana de Derechos Humanos haya condenado al Estado Peruano por los crímenes de Castro Castro. Por ello no tuvieron mejor idea que reavivar el viejo juicio de “apología del terrorismo” -del cual ya había sido absuelta- y pedir su captura internacional (hecho que fue consumado luego de las ultimas fiestas de Navidad) y, ahora, su extradición al Perú.
La intencionalidad de socavar la imagen de la abogada internacionalista es más transparente que las aguas diáfanas de un manantial andino. Por ello no sorprende que la ministra de Justicia Rosario Fernández declare que este caso es “tan emblemático” y que “el Estado no puede darse el lujo que (la extradición) se quiebre por vencimiento de plazos”. Ahora –para la Justicia Peruana- todo está sobre rieles. El problema, sin embargo, es que hasta el momento no se conoce si el tipo penal que se le imputa es “pertenencia a la organización senderista, colaboración, apología o actos concretos de violencia”, como muy bien lo ha señalado el doctor Marcos Ibazeta (ex presidente de la Sala Penal para casos de Terrorismo).
Los “delitos” por los que se los quiere castigar a Mónica Feria no pueden ser otros mas que haber sobrevivido al infierno de la masacre del penal Castro Castro (Canto Grande) y haber tenido el coraje de denunciar a los principales responsables de este genocidio político: Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. El primero como jefe de Estado, el segundo como jefe de los servicios de inteligencia. Mónica Feria preparó para tal fin 564 páginas de alegatos, exponiendo y presentado pruebas de que los hechos ocurridos en el penal de Castro Castro fue un asalto militar (con participación conjunta de las fuerzas especiales de la policía y de las fuerzas armadas ) planificado y ordenado desde los más alto del poder con la intención de exterminar a los presos y no un ataque provocado por un motín, tal como habían asegurado hasta el cansancio, los funcionarios del régimen. También había logrado recopìlar un legajo de 700 páginas en el que se exponían los mil y un actos de torturas a los que fueron sometidos todos los sobrevivientes de la masacre.
Su relato no puede ser más estremecedor: “La masacre empezó a las cuatro de la madrugada del 6 de mayo con una fuerte explosión. Hicieron uso de granadas, cohetes y helicópteros para entrar en la cárcel que tenía 548 reclusos. El pabellón 1A albergaba a aproximadamente 130 reclusas, entre ellas varias embarazadas y ancianas. Las fuerzas de seguridad aplicaron gases de fósforo blanco contra nosotras y terminaron la demolición del pabellón lanzando cohetes desde un helicóptero. Muchos lograron escaparse. Yo gateé sobre mis codos encima de cadáveres todavía calientes y cubiertos de sangre. Varios reos fueron fusilados por francotiradores. En la noche del 7 de mayo el pabellón fue destruido piso por piso mediante bombas y explosivos. Sacaron a los heridos pero sólo para dejarles morir fuera. Cuando los presos y presas salieron del pabellón el 9 de mayo después de cuatro días de ataque, privados de su sueño, sin agua y alimentos, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los presos indefensos. Las mujeres presas que fueron trasladadas al hospital en camiones fueron expuestas a violencia indecible perpetrada por hombres encapuchados; los hombres presos que habían sobrevivido permanecieron sin atención médica por casi dos semanas. Todos los sobrevivientes fueron sometidos a torturas sistemáticas: a un sistema de muerte lenta.”
Desde que comenzó el operativo (cínicamente denominado “Mudanza I”) Fujimori estuvo al tanto desde el Pentagonito conjuntamente con su Consejo de Ministros y autoridades policiales y militares. El día 10 (fecha en que finalmente acabó la masacre) se apersonó a la semi derruida cárcel para constatar in situ los efectos del ataque aprobando los resultados. Y los resultados fueron éstos: 43 muertos, 184 heridos y un número indeterminado (pero mucho mayor que muertos y heridos) expuestos a torturas en las diferentes cárceles a donde fueron trasladados.
Si se llegó a saber la verdad de la “matanza de Canto Grande” (o Castro Castro) fue en gran parte producto del trabajo y la perseverancia de Mónica Feria. Y esto no se lo pueden perdonar nunca las élites de poder y sus representantes enquistados en todo el andamiaje del Estado represor. Y por eso toda esta bullaranga de la extradición que han armado y que tendrá como triste final ser solo eso: una bullaranga.
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Humberto Contreras Soria
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